LECTURA I: La voluntad:
significado y clases.
CURSO: EDUCACIÓN DE
LA VOLUNTAD DESDE LA MIRADA DEL CINE
PROFESORA: ANA MARÍA MADARIAGA
MEZA
Enrique Rojas
La conquista de la voluntad
Cómo conseguir lo que te has propuesto
© Enrique Rojas Montes, 1994
© EDICIONES TEMAS DE HOY, S. A. (T. H. ), 1994
PRÓLOGO
Por fin he podido hacer realidad un viejo sueño: escribir un libro
sobre la voluntad; un tema bastante olvidado por la psicología moderna. Para mí
la voluntad es casi tan importante como la inteligencia. Cuando ésta ha
adquirido fuerza y vigor, nos ayuda en el empeño de conseguir los ideales de la
juventud y, también, los de la madurez; a continuar hacia adelante cuando
surgen dificultades y los vientos son contrarios a nuestros deseos.
Marañón, en sus Ensayos liberales, decía que el modo más humano de la
conducta juvenil es la inadaptación y a eso se le llama rebeldía. Cuando la
voluntad está educada, el hombre de cualquier edad se vuelve joven, lozano y
con mucho heroísmo en su comportamiento. Es la aspiración de llegar a ser un
hombre superior. La voluntad es el cauce por donde se afirman los objetivos,
los propósitos y las mejores esperanzas, y sus dos ingredientes más importantes
para ponerla en marcha son la motivación y la ilusión. La primera arrastra con
su fuerza hacia el porvenir; la segunda es la alegría de llevar los argumentos
de la existencia hasta el final.
Entre la motivación y la ilusión radica la razón de proponerse mejorar
en cuestiones pequeñas: es decir, hago lo que debo, aunque me cueste, aunque no
lo entienda en ese momento.
Debemos aprender a desatender esas voces interiores que nos quieren
llevar sólo a lo que nos apetece o nos gusta, o hacia lo que nos pide el
cuerpo, alejándonos del trayecto adecuado.
Toda educación de la voluntad tiene un fondo ascético, por eso está
estructurada a base de esfuerzos no muy grandes, pero tenaces y pacientes, que
se van sumando un día tras otro. No sólo se consigue tener voluntad superando
los problemas momentáneos, sino que la clave está en la constancia, en no
abandonarse. Primero dar un primer paso y luego otro, y más tarde hacer un
esfuerzo suplementario. De ahí surgen y allí es donde se forjan los hombres de
una pieza; los que saben saltar por encima del cansancio, la dificultad, la
frustración, la desgana y los
mil y un avatares que la vida trae consigo.
El que lucha está siempre alegre, porque ha aprendido a dominarse, por
eso se mantiene joven. Todo lo que es válido cuesta lograrlo. Pero merece la
pena vencer la resistencia y perder el
miedo al esfuerzo. Hay que aprender a subir poco a poco, aunque sean
unos metros y no nos encontremos en las mejores condiciones.
La voluntad recia, consistente y pétrea es la clave del éxito de muchas
vidas y uno de los mejores adornos de la personalidad; hace al hombre valioso y
lo transporta al mundo donde los sueños
se hacen realidad.
DEFINICIÓN
El estudio de la psicología nos obliga a hacer hincapié y adentrarnos
en uno de los pilares de la condición humana: la voluntad. En nuestro
patrimonio psicológico hay muchos elementos que configuran una diversidad de
contenidos, pero unidos y entrelazados por un mismo motivo: hacer del hombre un
ser superior. Para ello son necesarios los requisitos de libertad, afectividad,
conocimiento... y, por supuesto, la voluntad.
Etimológicamente, voluntad procede del latín voluntas-atis, que
significa querer. El origen de este término se remonta al siglo x; después, en
el xv, aparece la expresión voluntario (del latín
voluntarius); y también conviene señalar la acepción procedente del latín
escolástico, volitio-onis.
Tras esta descripción etimológica de la palabra voluntad, hay que decir
que ésta implica tres cosas: la potencia de querer, el acto de querer y lo
querido o pretendido en sí mismo. Desde un punto de vista académico, se pueden
establecer dos distinciones: a) la simplex voluntas, que se refiere al fin que
nos proponemos; y b) voluntas consiliativa, que menciona los medios utilizados
para conseguir aquel objetivo o fin. Estas dos clases de voluntad fueron
consideradas respectivamente como thélesis y boulesis en el pensamiento
posescolástico.
En el siglo XIX aparecen dos palabras: noluntad y nolición, formadas a
partir del concepto latino nolle: no querer. De toda esta explicación podemos
extraer una primera aproximación para
definir la voluntad: aquella facultad del hombre para querer algo, lo
cual implica admitir o rechazar. Hay un primer paso: la apetencia. Incluso hoy,
en el lenguaje coloquial de los jóvenes, se emplea con mucha frecuencia: «Me
apetece» «No me apetece».
La voluntad consiste, ante todo, en un acto intencional, de inclinarse
o dirigirse hacia algo, y en él interviene un factor importante: la decisión.
La voluntad, como resolución, significa
saber lo que uno quiere o hacia dónde va; y en ella hay tres
ingredientes asociados que la configuran en un todo:
1. Tendencia. Anhelo, aspiración, preferencia por algo. Su origen
etimológico proviene de tendere, inclinarse, dirigirse, poner tirante, acción
de atender. Constituye una primera fase, que puede verse interrumpida por
circunstancias del entorno.
2. Determinación. Aquí hay ya distinción, análisis, evaluación de la
meta pretendida, aclaración y esclarecimiento de lo que uno quiere.
3. Acción. Es la más definitiva y comporta una puesta en marcha de uno
mismo en busca de aquello que se quiere.
La tendencia, descubre; la determinación concreta, y mediante la acción
aquello se hace operativo. Por eso, la voluntad consiste en preferir; lo
esencial radica en escoger una posibilidad entre varias.
Antes de continuar hay que hacer una distinción muy importante entre
las palabras querer y desear. Desear es pretender algo, desde el punto de vista
afectivo, sentimental, aquello que se
manifiesta en la vertiente cordial de uno, como una especie de
meteorito, pero que no deja huella, pues pronto decrece la ilusión que ha
provocado en nosotros1; querer es aspirar a una cosa anteponiendo la voluntad,
siendo capaces de concretar y sistematizar esas espigas que aparecen de pronto
y piden paso. El deseo se manifiesta en el plano emocional y el querer en el de
la voluntad; el primero se da en el adolescente con mucha frecuencia y no se
traduce ni conduce a nada o a casi nada; el segundo se produce, sobre todo, en
el hombre maduro y se materializa; tiene capacidad de conducir a la meta
mediante ejercicios específicos
que se proyectan en esa dirección. Voluntad es determinación.
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Diez reglas de oro para educar la voluntad
Bibliografía
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